viernes, noviembre 07, 2008

La percepción del tiempo

Recientemente he leído todo un clásico de la divulgación científica: 'Una breve historia del tiempo', de Stephen Hawking. Libro altamente recomendable para los que se sientan atraídos por lo más grande (el universo) y lo más pequeño (mecánica cuántica) pero que, como yo, se pierden entre los nuevos y antiintuitivos descubrimientos de la ciencia tales como curvaturas del espacio-tiempo, agujeros de gusano, quarks, fuerzas nucleares, aceleradores de partículas, antimateria...

El libro de Hawking intenta que el lector se haga una idea de los últimos modelos científicos sin utilizar para ello ni una sola fórmula. Intentando acercarlos lo máximo posible al gran público.

Leyéndolo he vuelto a refrescar el concepto de relatividad del tiempo, puesto al descubierto gracias a la teoría de la relatividad general.

Antes de seguir, lo explico lo más concisamente que pueda:
Los sistemas de referencia espaciales son relativos al observador: Si suponemos un tren que avanza en línea recta a 60 km/h y una pelota dentro de un vagón del tren, ¿a qué velocidad se moverá la pelota?. Pues depende de la posición del observador: si está dentro del tren, la pelota no se mueve. Si está parado fuera del tren, la pelota se moverá a 60km/h. Si el observador se encuentra fuera de la tierra, pues habrá que combinar el movimiento de la pelota con la rotación, la traslación... Si el observador se encuentra fuera de la galaxia...

¿Y cuál es la velocidad de la luz? pues siguiendo el mismo razonamiento, ésta debería depender también del observador. No debería ser la misma medida desde un observador que se mueve en el mismo sistema de referencia que el foco emisor que si el observador se encuentra en cualquier otro sitio y sin embargo... eso no es así. La velocidad de la luz es una constante, c, unos 300000 km/s, y eso es así independientemente del punto del espacio desde el que se observe. A poco que se razone, el hecho de que la velocidad apreciada de la luz medida por dos observadores en sistemas de referencia distintos sea la misma solo puede cumplirse si... ¡¡¡El tiempo pasa a distinta velocidad para uno que para otro!!! Esa es una deducción completamente antiintuitiva y que, sin embargo, se puede comprobar experimentalmente. Y además, se ve afectado por la gravedad. Un reloj situado en lo alto de una torre se adelantará con respecto a otro situado en la base por el hecho de que la fuerza de la gravedad es menor allí arriba (no voy a desarrollar el argumento, pero es cierto y se puede comprobar).

Y tras esta medio-explicación medio-científica de lo relativo del tiempo, voy a lo que iba:
El otro día estuve charlando con amigos de varias cosas. Y uno de los temas que suele salir recurrentemente en conversaciones entre treintañeros es el de cómo el tiempo parece transcurrir cada vez más deprisa. Cuando eres un chaval, una hora te parece un periodo enorme en el que se pueden hacer miles de cosas. Una tarde es una eternidad. Un año es casi más tiempo del que tu entendimiento puede alcanzar. y sin embargo ahora... sientes que los días no te llegan para hacer todo lo que tienes que hacer. Las semanas no dan para nada. Se nos pasan años enteros sin darnos cuenta. ¿y esto por qué?

Pues lo que yo creo es que no prestamos atención a las cosas, vamos en piloto automático, sin pensar. Hacemos a o b porque creemos que es eso lo que tenemos que hacer, sin parar a pensar si vale la pena, sin deternernos a mirar si lo estamos haciendo lo mejor posible. Pasamos por la vida sin fijarnos en los colores, en los olores, en las personas... el tiempo se nos va porque no lo aprovechamos. Es como si el tiempo dijera: ¿Para qué quieres más de mí, si no me sabes utilizar?.

Cuando somos pequeños todo es nuevo, fascinante, emocionante. Cada segundo esta lleno de misterio, de sensaciones...

Y yo, en ocasiones, cuando he intentado estar más atento a todo lo que ocurre dentro y fuera de mí, prestar atención a mis actos, a mis pensamientos, al mundo que me rodea, fijándome bien en todo y no limitándome a dejarme arrastrar, puedo decir que he conseguido revivir en parte esa deliciosa sensación infantil. Aunque no es fácil y requiere de un esfuerzo considerable en un mundo de prisa y urgencia como el que vivimos.